AJO Y LIMON

Un ensayo clínico aleatorizado de 2016, publicado en el International Journal of Preventive Medicine, evaluó la mezcla de ajo crudo con jugo de limón en personas de 30 a 60 años con hiperlipidemia moderada durante 8 semanas. El grupo que la consumió mostró mejoras en el perfil lipídico y la presión arterial.

Un estudio posterior de 2021, publicado en el Journal of Herbal Medicine, examinó el efecto de una decocción de ajo hervido con limón Shirazi en pacientes con hiperlipidemia. Los resultados mostraron que el colesterol total, los triglicéridos y el LDL disminuyeron, mientras que el HDL aumentó después de la intervención. Los autores concluyeron que la decocción es "efectiva para reducir los lípidos sanguíneos" y "altamente rentable".

Sin embargo, la evidencia sobre el ajo por sí solo es más sólida. Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. confirman que los suplementos de ajo "pueden reducir los niveles de colesterol total y LDL en pequeña medida" en personas con colesterol alto. La mezcla con limón no ha demostrado ser superior al ajo solo.

Cómo prepararla
Las recetas varían, pero una versión sencilla y sensata sería:

Tritura 1 diente de ajo crudo y déjalo reposar 10 minutos al aire libre. Esto permite que la aliina se convierta en alicina, el compuesto activo.

Mezcla con el jugo de medio limón recién exprimido y un vaso de agua tibia o a temperatura ambiente.

Bébelo inmediatamente, preferiblemente con una pajita para proteger el esmalte dental.

Algunas versiones más elaboradas hierven 4 limones troceados con 4 dientes de ajo en 3 litros de agua, dejan reposar 3 días en frío y luego filtran. La dosis sugerida es 1 cucharada antes de las comidas, hasta un máximo de 50 ml al día.

Indicaciones y precauciones críticas
Cuándo NO usarla:

Anticoagulantes o antiplaquetarios (warfarina, aspirina, clopidogrel): El ajo tiene actividad antiplaquetaria. El Manual Merck advierte que el ajo está "contraindicado en pacientes que tienen diátesis hemorrágicas o que toman warfarina, antihipertensivos y fármacos antiplaquetarios". Un documento del IMSS mexicano señala que se ha documentado "hematoma epidural espontáneo" en octogenarios que consumen ajo, atribuido a su efecto sobre la coagulación. La Agencia Turca de Medicamentos también advierte que el ajo "aumenta el riesgo y la duración del sangrado" en pacientes con anticoagulantes.

Cirugía: Se recomienda suspender el consumo de ajo al menos 1 semana antes de cualquier procedimiento quirúrgico.

Gastritis, reflujo o úlceras: El limón irrita la mucosa gástrica y el ajo crudo puede causar ardor en boca, esófago y estómago. Personas con problemas de estómago deben evitarlo.

Dientes sensibles o esmalte debilitado: El ácido cítrico del limón erosiona el esmalte dental.

Embarazo y lactancia: No se recomienda por falta de datos de seguridad.

Menores de 18 años: No recomendado por falta de datos.

Diabetes: El ajo puede interactuar con medicamentos que reducen el azúcar en sangre, causando posible hipoglucemia.

Efectos secundarios comunes: mal aliento, olor corporal, náuseas, malestar abdominal, acidez.

La advertencia que no puedes ignorar
"Limpiar las arterias" no tiene sustento científico. La aterosclerosis es un proceso complejo de acumulación de placa que no se "disuelve" con ningún alimento. El ajo y el limón pueden modestamente mejorar los niveles de colesterol LDL cuando se combinan con dieta y ejercicio, pero no revierten el daño arterial existente.

Si tienes colesterol alto o presión arterial elevada, consulta a tu médico. La mezcla de ajo y limón puede ser un complemento razonable si no tomas anticoagulantes y tu estómago lo tolera, pero nunca debe reemplazar un tratamiento prescrito.

 

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