Tómalo antes de dormir
Lejos de aliviar el dolor óseo, un consumo elevado de sal acelera la pérdida de calcio y aumenta el riesgo de osteoporosis. Los riñones, al eliminar el exceso de sodio, también eliminan el calcio: por cada 2300 mg de sodio excretados (equivalente a unos 6 g de sal), se pierden entre 40 y 60 mg de calcio. Si la ingesta de calcio es insuficiente, el cuerpo termina extrayéndolo de los huesos, debilitando su estructura. Diversos estudios asocian un alto consumo de sodio con una menor densidad mineral ósea y un mayor riesgo de fracturas, especialmente en mujeres posmenopáusicas. Por lo tanto, la sal no es un remedio para el dolor óseo; es un factor que contribuye a su deterioro.
🩸 Diabetes: sin beneficios, con posibles riesgos
La idea de que la sal "equilibra el azúcar en sangre" o "mejora la función pancreática" carece de fundamento. Ensayos clínicos controlados que han comparado dietas bajas y altas en sodio no han encontrado diferencias significativas en los niveles de glucosa o insulina en ayunas. Además, algunos estudios observacionales han relacionado un mayor consumo de sal con un mayor riesgo de prediabetes y diabetes tipo 2, así como con niveles más altos de hemoglobina glicosilada (HbA1c) en personas que ya padecen la enfermedad. La sal no es, en absoluto, una herramienta para controlar la diabetes.
🧠 Ansiedad y depresión: el riesgo aumenta, no disminuye
Esta es quizás la afirmación más contraria a la evidencia. Un estudio prospectivo a gran escala publicado en 2025, que siguió a más de 426 000 participantes durante una mediana de 14 años, encontró que añadir sal con frecuencia a las comidas se asociaba con un riesgo significativamente mayor de depresión mayor (un 63 % más) y ansiedad (un 42 % más). Los investigadores concluyeron que reducir el consumo de sal podría ser una estrategia valiosa para proteger la salud cerebral. La sal no produce serotonina ni melatonina, como afirma el mito; los datos apuntan en la dirección opuesta.
🚽 Estreñimiento: un efecto laxante real pero arriesgado
Aquí hay un matiz. Beber una solución concentrada de agua salada puede provocar evacuaciones intestinales debido a un efecto osmótico: el sodio atrae agua al intestino, ablanda las heces y estimula la defecación. Sin embargo, esta práctica no está respaldada por la evidencia científica. No existen estudios científicos sólidos que demuestren su seguridad y eficacia; los supuestos beneficios se basan en anécdotas y un único estudio pequeño relacionado con la preparación para una colonoscopia. Además, el riesgo de desequilibrio electrolítico, deshidratación y sobrecarga renal es real, especialmente si se repite con el tiempo. Para el estreñimiento, las estrategias seguras y efectivas incluyen aumentar la ingesta de fibra, hidratarse con agua y hacer ejercicio.
⚠️ El peligro específico de tomarla "antes de acostarse"
Beber agua salada justo antes de dormir supone un riesgo adicional. Durante la noche, la presión arterial y la producción de orina disminuyen de forma natural. Introducir una carga extra de sodio en ese momento obliga a los riñones y al sistema cardiovascular a trabajar cuando deberían estar en reposo. Esto puede traducirse en varias noches de despertarse para orinar, hinchazón matutina y, en personas con hipertensión, enfermedad renal crónica o insuficiencia cardíaca, un empeoramiento de su condición. Para quienes padecen estos problemas de salud, esta práctica no solo es inútil, sino contraproducente.
💎 En resumen
La sal es un nutriente esencial en cantidades adecuadas, pero no es un medicamento. Afirmar que un solo ingrediente puede solucionar cinco problemas de salud distintos con una sola ingesta nocturna es una simplificación engañosa que ignora la biología y los riesgos. Para el dolor óseo, la diabetes, la ansiedad, la depresión y el estreñimiento, existen enfoques con respaldo científico que van más allá de tomar sal antes de acostarse.
Si le interesa abordar alguna de estas afecciones, lo más sensato es consultar con un profesional de la salud que pueda orientarle según su situación particular.