¿Se te duermen las manos? Conoce las posibles causas

Sentir ese cosquilleo incómodo o la pérdida de sensibilidad en las manos es más común de lo que parece. A menudo lo achacamos a una mala postura al dormir o a haber apoyado el codo demasiado tiempo, y en muchos casos es exactamente eso: una compresión nerviosa pasajera que se resuelve sola. Sin embargo, cuando el adormecimiento se repite, se instala o viene acompañado de otros síntomas, el cuerpo está enviando una señal que conviene escuchar.

La causa más frecuente de adormecimiento en las manos es la compresión o daño de los nervios que recorren el brazo y la muñeca. El síndrome del túnel carpiano es uno de los grandes protagonistas: ocurre cuando el nervio mediano queda atrapado a su paso por la muñeca, y suele manifestarse con hormigueo en el pulgar, el índice, el corazón y la mitad del anular, a menudo nocturno. Otra fuente habitual es la compresión del nervio cubital por apoyarse en los codos durante periodos prolongados, que afecta más al meñique y a la mitad externa del anular.

Pero no todo se explica por una postura. El adormecimiento puede originarse más arriba, en el cuello: una hernia discal, una artrosis cervical o un espasmo muscular pueden comprimir la raíz nerviosa y producir síntomas similares a los del túnel carpiano, a veces de forma intermitente a lo largo del día. Menos frecuente, el síndrome del desfiladero torácico —la compresión del plexo braquial a su salida del tórax— también genera parestesias que se extienden por el brazo y la mano.

Existen además causas sistémicas que conviene no pasar por alto. La neuropatía periférica asociada a la diabetes es una de ellas; también la deficiencia de vitamina B12, el consumo excesivo de alcohol o ciertos medicamentos. Incluso alteraciones en los niveles de calcio, potasio o sodio pueden traducirse en hormigueo en las extremidades.

La pregunta clave: ¿cuándo consultar?

La mayoría de los episodios aislados, que desaparecen al cambiar de postura o sacudir la mano, no revisten gravedad. Pero hay señales de alarma que exigen atención médica inmediata: un adormecimiento repentino, especialmente si se acompaña de debilidad o parálisis en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o ver, o una cefalea intensa y súbita. También merece una consulta pronta si el adormecimiento persiste, se extiende a otras zonas, afecta a toda una mano de forma constante o se asocia a pérdida de fuerza o atrofia muscular.

Escuchar estas señales y consultar a tiempo puede marcar la diferencia entre un síntoma pasajero y un problema que se aborda cuando aún es manejable. Las manos son herramientas esenciales para la vida diaria; prestarles atención cuando protestan es, sencillamente, una forma de cuidarlas.

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